Cuentos de miel amarga.

Cuentos de miel amarga.

Dulces como producto de abeja. Amargos como la decepción. Oscuros, tenues, alegres, etéreos...pero todos vienen del mismo lugar.

Frases favoritas.

  • "En un beso sabrás todo lo que he callado" Pablo Neruda
  • "Es tan corto el amor y tan largo el olvido" Pablo Neruda
  • "Quisiera estar a dos pasos de ti. Y que uno fuera mío y el otro tuyo" Eduardo Casar

Pinceladas de Cariño: El pescador y la sirena. Número 23.

De mi columna en la gaceta quincenal "Xiuhcoatl" de la Hermandad de la Cuchara.

 

Para el mar, aire y tierra que navego.

 

Frederic Leighton. El pescador y la sirena.

El mar está en paz, inundado de tranquilidad. El vaivén azul del agua apenas logra cubrir uno de los dedos del pescador, quien, sentado en la alfombra de arena interminable, trata de alcanzar el atardecer con una mirada. Los hombres a veces olvidan  que el océano es profundo, es sabio y, por lo tanto, inesperado.

El pescador parpadea y, en ese abrir y cerrar de ojos, el azul del mar se ha convertido en una pared inmensa de agua que se eleva ante su cuerpo diminuto. Se estrella el oleaje en su cuerpo y unos labios chocan contra los suyos. En su cuello se enroscan con suavidad los brazos nacarados de esa mujer que ha llegado súbitamente.

Como el mar, el amor. El pescador se sumerge entre los dorados cabellos de la sirena, quien lo ahoga en sus caricias; y tras el beso convenido en una mirada, ambos se convierten en dos gotas más del mar tempestuoso que rige el vaivén del amor.

Cariño

Pinceladas de Cariño: Joven en su ventana. Número 22.

De mi columna en la gaceta quincenal "Xiuhcoatl" de la Hermandad de la Cuchara.

 

En esta quincena un impresionista francés que me ha dejado maravillada con su pintura.

Gustave Caillebotte. Joven en su ventana.

 

Antoine, hombre de modales tradicionales, sacó su pañuelo del bolsillo y limpió sus gafas con suma pulcritud. Se colocó los anteojos y dispuesto a comenzar un nuevo día, inició la ardua tarea de revisar los documentos que cubrían la parte superior del escritorio. El tic tac del reloj marcaba el paso de los segundos, los minutos y las horas. De vez en cuando, Antoine descansaba del trabajo echando un vistazo panorámico a su despacho; desde la foto de su madre hasta su título de abogado colgado detrás de la puerta, justo como si en un parpadeo le apareciera el resumen de su vida.

Cuando el reloj anunció las ocho y media, Antoine dejó la pluma y concentró sus cinco sentidos en el movimiento de las manecillas. Cada paso de éstas le resultaba el mayor placer y el peor suplicio. Cada golpeteo aumentaba los latidos de su corazón. Al ver que las campanadas de las nueve estaban a punto de sonar, se dirigió al balcón y abrió los ventanales de par en par.

La vida en las calles de París se vio interrumpida por el repicar de las campanas de la catedral. De la puerta de ésta, la gente jubilosa abría paso a los recién casados. La novia, tan frágil como un suspiro, volvió su cabeza hacia el balcón de Antoine, quien la miraba como quien mira la devastación incontrolable del huracán.

De los labios del abogado se desprendió un último beso, al tiempo que sus dedos activaban la furia de su revólver. Antoine cayó fulminado en el piso del despacho y la voz que lo llamaba tras de la puerta... ya no obtuvo respuesta.

Cariño

Pinceladas de Cariño: El flautista. Número 21.

De mi columna en la gaceta quincenal "Xiuhcoatl" de la Hermandad de la Cuchara.

 

@LauraSofiaRC: El Pinceladas de esta semana dedicado a @EPN para que lea algo además de los tweets de su hija. #LibreriaPeñaNieto

Remedios Varo. El flautista.

 

Al sellarse la grieta en la montaña, el Flautista mira por última vez a los niños de Hamelin. Les dice adiós con la mano y la mitad de una sonrisa. Todos le responden con gritos, danzas y aplausos. El Flautista se da vuelta para proseguir su camino.

Está a punto de cruzar un arroyo en busca de ciudades y aventuras nuevas, cuando se ve detenido por el sollozo de una niña escondida tras un olmo. Se acerca y le enjuga las lágrimas, le arregla el cabello. La niña está triste, siempre ha sido infeliz. Con una mirada le ruega al músico que le conceda la dicha y el gozo, cree en él. El Flautista la observa pensativo...es imposible abrir la montaña una vez más. Se le ocurre una idea, la toma por el brazo y juntos se internan en lo más profundo del bosque. Al llegar a donde los copas de los árboles impiden el paso de la luz, el Flautista saca su misterioso instrumento y toca una exquisita melodía. Como por arte de magia las piedras se elevan de la tierra y a un mismo compás construyen una torre azulada de refinada composición. A su paso va dejando un cúmulo de destellos multicolores. La niña juega ante aquél sublime espectáculo .

La última piedra se coloca en la torre terminada, justo en la nota final que la flauta ejecuta. El Flautista recoge del pasto el polvo estelar de su creación, se acerca a la niña y sopla en su rostro los destellos color añil. Un monumental resplandor cubre la metamorfosis de la niña, quien cae en la tierra hecha mujer. El Flautista la levanta dulcemente y la invita a pasar a su nuevo hogar. Voltea su rostro con ternura y besa sus labios. En ese momento el Flautista aplasta su instrumento con uno de sus pies; ya no es un músico, ni un mago, es simplemente un hombre. Y de esta manera, le regala a la niña y a si mismo, el obsequio más grande de todos los tiempos.

Cariño

Pinceladas de Cariño: Raíces. Número 20.

De mi columna en la gaceta quincenal "Xiuhcoatl" de la Hermandad de la Cuchara.

 

Gracias por darme follaje. "Pies, para qué los quiero si tengo alas para volar".

Frida Kahlo. Raíces .

 

Los hombres, árboles con sangre en lugar de savia, olvidan su origen: arrancan sus raíces y se echan a andar sin rumbo alguno.

Somos un tronco que, al paso de los años, guarda en su interior el conocimiento que sólo puede dar el aire, la lluvia y la experiencia. Nos recubre una corteza llena de marcas imborrables, cubiertas con capas que el olvido coloca afanosamente.

Todos árboles: unos secos, otros con frutos jugosos, algunos olvidados en los jardines más recónditos.

Todos árboles, todos. Y yo... yo me busco entre el recuerdo de la Dafne victoriosa. Yo me encuentro en el espejo de tus hojas, de tus ramas. Yo pertenezco a tu tierra, a esa madre que cuida nuestros nutrientes y protege nuestras más diminutas extensiones de vida. Tú, de entre todos; jardinero de besos, leñador de la rutina, botánico de palabras, herbolario de remedios espirituales...

Los hombres, flores marchitas con manos en lugar de pétalos, se arrancan de la tierra para morir sin raíces.

Cariño

Pinceladas de Cariño: Muchacha en la ventana. Número 19.

De mi columna en la gaceta quincenal "Xiuhcoatl" de la Hermandad de la Cuchara.

 

Para YonosoyRodrigo, por ser manager de este Pinceladas. Y para todos los ahora universitarios que extrañamos los Jueves, los amigos, la feria y la escuela. ¡Área cuatro!

Salvador Dalí. Muchacha en la ventana .

 

La habitación está casi vacía. Marina, sentada en una silla, teje una bufanda color tristeza. La tiñe con las lágrimas que caen, como años, desde sus mejillas. Ella sueña con tener una mecedora que le conceda movimiento a sus tardes monótonas. Sueña con aromas de cocinas inexistentes, con aventuras en lugares exóticos,  con flores hechas de terciopelo violeta.

Marina no logra soñar con el amor. Hace mucho que ha olvidado lo que es, lo que se siente. Sin embargo, conserva un vestigio oculto en las más profundas capas del subsuelo de su alma, una reliquia del dolor y la añoranza.

Escucha a las gaviotas ocultarse al tiempo del sol. El mar, callado a veces. Y de entre todos los sonidos cotidianos, el canto de un barco acercándose a tierra, la sobresalta. Marina arroja el tejido al piso de madera. Corre hasta la entrada de su casa y con los pies desnudos continua acelerando el paso. Ella quiere, con todas sus fuerzas, gritar un sólo nombre... pero sus pulmones no tienen más aire.

Marina observa, con los ojos llorosos, descender del barco al último de todos los marinos. Enjuga su llanto, vuelve la cabeza y una vez más,  regresa a casa decepcionada a tejer una bufanda nueva. Con el bordado, Marina vuelve a ser la misma de siempre. Olvida los fantasmas, el tiempo y la promesa de quien alguna vez le juró volver.

Cariño

Pinceladas de Cariño: El placer. Número 18.

De mi columna en la gaceta quincenal "Xiuhcoatl" de la Hermandad de la Cuchara.

 

René Magritte. El placer.

 

Como un lobo hambriento, sale de su casa al ver que sus padres se han ido. Deja sus zapatos detrás de uno de los tantos árboles que rodean la blanca mansión Wolford. La niña entra al bosque corriendo, pisa las hojas secas y quita el listón de su cabello. Sus lacios mechones son papalote del viento, se enmarañan y enroscan a su antojo, al igual que lo hace el hilo de la vida . Las copas de los pinos, cada vez más juntas, devoran la luz de una feroz mordida. Se hace presente la oscuridad...y allí, sólo allí, la niña se siente segura, se sabe ella y no otra. Mira hacia atrás para cerciorarse de que nadie la sigue. Sus manos adoptan la postura innata de la bestia salvaje. Una chispa en su espina dorsal la hace correr sobre sus cuatro extremidades por entre la maleza. Trepa a los árboles enterrando sus uñas en la corteza de los troncos. Observa un mirlo con mirada de leona y le muestra los dientes. Clava los incisivos en el pequeño pajarillo y siente chorrear la sangre por su cuello. La niña juega. Juega con la vida del desdichado animal. Juega a ser Dios y a ser demonio.

Cariño

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